El hogar de Fabián era una de esas casas pequeñitas que solo tienen una ventana al ras del suelo, cuyo marco de madera deja adivinar cual fue su color original, aquel que la lluvia, el frio y el tiempo consiguieron desteñir. La fachada de dicha casa estaba cubierta de una densa hiedra que también conseguía ocultar el corazón de su dueño. Desde la ventana Fabián ve caer la lluvia, deseando que cristalinas gotas mojen su piel, sueña con ver el sol pero le ciega el temor y cada vez que intenta cruzar la puerta de su casa mil escalofríos recorren su cuerpo y decide volver a la empañada ventana a ver como transcurre la vida fuera de el muro que el mismo creo para alejarse de los demás. El miedo le paraliza, el miedo a la crítica, el terror a sentirse señalado, a caminar por las vacías calles y que se queden mirándole y se rían de su cuerpo amorfo. Fabián se pasa las horas deseando sentir el aire en su propio cuerpo solo desea correr sin sentir que tiene que escapar, pero no puede, el solo ve demonios, demonios en los ojos de las personas que le miran, que lo discriminan, que se apartan de él y que le hacen sentir odiado, le hacen sentirse como un verdadero monstruo. Es eso lo que hace que las ruinas de la casa en la que vive se conviertan en las rejas de su propia cárcel.
sobrevolar las cumbres borrascosas del tiempo,
dejar que huya silencioso, cauto, veloz y lento,
dejar que tomen las riendas de la vida los sueños,
que naufragen en tierra firme que remuevan vientos.
dejar que huya silencioso, cauto, veloz y lento,
dejar que tomen las riendas de la vida los sueños,
que naufragen en tierra firme que remuevan vientos.
martes, 1 de marzo de 2011
La casa de Fabián
El hogar de Fabián era una de esas casas pequeñitas que solo tienen una ventana al ras del suelo, cuyo marco de madera deja adivinar cual fue su color original, aquel que la lluvia, el frio y el tiempo consiguieron desteñir. La fachada de dicha casa estaba cubierta de una densa hiedra que también conseguía ocultar el corazón de su dueño. Desde la ventana Fabián ve caer la lluvia, deseando que cristalinas gotas mojen su piel, sueña con ver el sol pero le ciega el temor y cada vez que intenta cruzar la puerta de su casa mil escalofríos recorren su cuerpo y decide volver a la empañada ventana a ver como transcurre la vida fuera de el muro que el mismo creo para alejarse de los demás. El miedo le paraliza, el miedo a la crítica, el terror a sentirse señalado, a caminar por las vacías calles y que se queden mirándole y se rían de su cuerpo amorfo. Fabián se pasa las horas deseando sentir el aire en su propio cuerpo solo desea correr sin sentir que tiene que escapar, pero no puede, el solo ve demonios, demonios en los ojos de las personas que le miran, que lo discriminan, que se apartan de él y que le hacen sentir odiado, le hacen sentirse como un verdadero monstruo. Es eso lo que hace que las ruinas de la casa en la que vive se conviertan en las rejas de su propia cárcel.
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