Es posible que seas una persona menesterosa, que trabaja duro y sin pausa alguna y sin embargo acabes en la calle, dejando que el sobrino del jefe ocupe tu antiguo puesto, o quizás seas una persona a la que le gusta hacer deporte y comer sano, pero de repente tu salud se vea interrumpida por una terrible enfermedad hereditaria.
Todo esto es posible, como también lo son cosas mucho peores, sin embargo estos no son motivos para rendirse, ningún motivo lo es. Un vencido, un perdedor o una persona derrotada, no es aquella que ha quedado por debajo de un vencedor, tampoco la que a perdido sus sueños, ni aquella que no a logrado alcanzarlos, si no quien abandona dichos sueños, quien se achanta ante la tempestad y huye dejando atrás todas sus posibilidades de lograr sus objetivos, sin darse cuenta que solo luchando un poco más puede darle la vuelta a la situación, solo levantándose para pelear y aceptando todo lo que el mundo le quiera regalar.

